junio 21, 2010

TOY STORY 3

Hace más de 17 años mis papás decidieron separarse, no para mi beneplácito, claro está, pero era cosa de adultos; a mis 8 años yo no entendía eso, ni muchas otras cosas, pero la vida debía continuar. Mi papá me visitaba ocasionalmente, no tanto como ambos hubiésemos deseado, pero las aventuras en el bosque, en los campos de golf y las escapadas a comer mucho pollo de KFC eran suficientes para seguir siendo mejores amigos. Él nunca ha sido precisamente un cinéfilo, prefiere ver películas en casa, yo por otro lado, siempre he sido yo, cine 2 veces por semana; cuando Toy Story apareció, mi papá accedió a ir al cine, claro que con una cubeta de pollo de KFC para no perder la costumbre!!.

Recuerdo haber visto Toy Story maravillada, los muñecos eran preciosos, había muchos colores y la idea de que los juguetes tuvieran una vida tan extraordinaria cuando uno duerme o sale, me dejó simplemente extasiada; lo mejor de todo, lo más extraordinario, era estar en el cine con mi papá.

Ayer, después de ... 15 años?? fui a ver Toy Story 3 con mi esposo y mis dos hijos, 15 años después soy la mamá de dos niños que disfrutan el cine, y la esposa de un papá maravilloso que comparte mi pasión por el cine.

Andy creció, tiene 17 años y se va a la universidad, aun conserva a sus juguetes, y pese a ser un cuasi adulto, aun los ama y no quiere tirarlos a la basura, siguen siendo sus amigos. Un error lleva a los juguetes -todos salvo Woody- a la esquina a esperar el camión de la basura, lo cual desata una aventura más para estos amigos.

Los personajes son tan entrañables como siempre, los señores cara de papa siguen siendo los papás de todos, los adultos; Hamm sigue siendo el malvado Señor Tocino y Rex sigue siendo un dinosaurio miedoso; obviamente Buzz y Woody permanecen mejores amigos, los líderes del grupo. Los nuevos son geniales, uno no puede evitar reír con el closeterísimo Ken, que más parece sacado de Queer Eye for the Straight Guy, que el novio de la hermosa Barbie; el oso Lotso cuyo carácter es completamente opuesto a su apariencia; e incluso un puescoespin amante de Shakespeare.

Escenas extraordinarias para una película de animación infantil; Buzz bailando flamenco no tiene precio; los juguetes a punto de ser incinerados, terrorífico; y Andy entregando a sus amigos a alguien pueda hacerlos felices... lloré y lloré y lloré y... lloré, uno no puede evitar identificarse con el hecho de que, de vez en cuando, los que más nos aman pueden llegar a prescindir de nosotros, así como nosotros de ellos, no porque dejemos de amarnos, sino porque así es la vida, tenemos que crecer, avanzar...

Amé la película, amé la compañía (porque amo ser esposa y madre), y me fascinó el que exista una historia que creció conmigo...

Vayan al cine AHORITA!!!

Au revoir

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