mayo 04, 2008

CRÓNICA DE UN NACIMIENTO

Después de 41 gloriosas semanas de embarazo (que en realidad fueron 5 meses y 5 días porque ni sabía lo de la pancilla), el pasado miércoles 23 de abril a las 11:12 pm le daba las buenas noches al mostro degenerado chacal (aka mi prometido, padre de mi hijo) y me iba a dormir pacíficamente esperando que no me dieran agruras por los tacos de chicharrón que me había echado en la tarde; tras 4 horas y 15 minutos de sueño, desperté para ir al baño (nada raro porque con eso del embarazo iba cada 3 horas) pero al levantarme de la cama tuve un dolor, nada serio, de esos de los que las mujeres tenemos cada mes, salvo que yo no los tenía desde hacía más de nueve meses. No le dí tanta importancia y me fui de nuevo a mi cama (eran las 3:34 am).

En mi cómoda cama, tras 10 minutos de estar acostada y a punto de dormirme otra vez, tuve otro dolorcillo, -Ahora sí le voy a tomar tiempo por si me da otro- pensé para mí; a las 3:55 am se dio la siguiente, 4:06 otra, 4:18 otra y de plano

-Mamá!! creo que ya tengo contracciones!!-. Mi pobre madre se despertó y me empezó a hacer preguntas como:
-¿te dan muy seguido?, ¿en dónde las sientes?, ¿segura, no será falsa alarma? y yo insistía en que eso no era normal y que prefería ir y hacer el ridículo de una falsa alarma que esperarme.

4:26 am, marco el número del mostro degenerado chacal, ring... ring... ring... - Me lleva la chin%·$&, volvió a dejar el celular en vibrador!!!- de pronto una voz adormilada me dice
- Ueno?- y yo, como si todavía estuvieramos para bromitas, le digo
- Oye, no había por ahi una llamadita que esperaras recibir en mitad de la noche?- y el pobre mostro - MMMM?
- Sí mi amor, como que es hora de que vengas por mí, creo que ya tengo contracciones-
- ¿En serio?!! ahí voy, no me tardo.

Me peiné, me lavé los dientes, me puse ropa cómoda y abrigadora, acomodé los últimos detalles de la pañalera del bebé (y de todas formas olvidé el cobertor) y me dispuse a bajar las escaleras de mis cinco pisos con toda la calma del mundo.

4:55 am Llegamos a la clínica y la doctora de guardia estaba ocupada así que esperé un poco y las contracciones llegaban una tras otra con espacio como de 8 minutos, era algo así como dolor pero no tan horrible como lo pensé. Al entrar a la salita de urgencias la doctora comenzó a revisarme y yo pensaba para mí: - Demonios! y si me paso 24 horas en trabajo de parto?, me dijeron que eso de la dilatación de 5 cm. tarda horas y horas, y se necesitan 10 para que salga!!! esto va a doler!! y la doctora dijo:
- Pero si ya vienes bien adelantada, tienes 6 cm. de dilatación!- Y mi mente descansó... horas menos de terror.

Me subieron a la sala de preparación como a las 5:20 am, y sentía que el dolor era cada vez peor, cuando estaba a punto de empezar a gritar como en las películas llega una señora con cara de "muero, muero, juro que muero" y mi corazoncito me impidió inquietarla gritando como imbécil, obvio ella no pensó lo mismo porque sí me inquietó gritando como imbécil, dentro de mí supe que no me sentía tan mal como ella, yo sí pude aguantar un poquito.

Escuché el Himno Nacional en la radio, ya eran las 6 de la mañana y yo podía aguantar pero la señora de al lado estaba que se moría, sólo escuché que eso era una cesarea obligatoria, me snetí consolada al voltear y ver que se referían a ella y no a mí, algo que estaba en el suero me atontó y entonces escuché que debían llevarme a la sala de expulsión, ya era hora...

Me acostaron, me acomodaron y la doctora dijo: -Cuando sientas la contracción, puja- puje por mucho, mucho, mucho tiempo, al menos así se sintió; estaba exhausta, de verdad muy cansada, entonces vino lo peor, escuché a la doctora decirme que el bebé estaba haciendo mucho esfuerzo por salir y ya se había hecho popó, que debía apurarme porque si comí le haría mucho daño, y lo que sentí fue un miedo enorme, miedo de lastimarlo, de no poder más, de desmayarme y que él no pudiera salir bien, tuve mucho miedo... luego la doctora dijo que el movimiento del bebé lo había enredado en el cordón, más miedo... al final sentí que la vida se me iba, me sentí drogada, muy adormilada y sentí cómo salió, como un pescadito que se sacudía, sólo atiné a preguntar si estaba bien, si tenía pelo y si sí era niño (es que uno nunca sabe si esos ultrasonidos son 100% confiables), lo ví y estaba muy muy blanco... me quedé dormida.

A las 8 de la mañana abrí los ojos y ahi estaba mi mamá, antes de poder preguntar por él, lo trajeron enredado en la cobija amarilla que planeé para él, ante mí apareció la imagen más hermosa que hubiese visto en toda mi vida...

Así que, tras mucho miedo por la idea de jamás tener un hijo y unos meses de cargar una panzota gigante (y hermosa), nació mi primogénito: Isaac Alejandro Bárcenas Patiño, que además tuvo la super puntada de nacer el 24 de abril, día de San Alejandro y cumpleaños de mi hermano de 6 años Alec. Es un niño oportuno, tierno y maravilloso. Obviamente soy feliz.

Ah! el Oso (mostro degenerado chacal) es aún más feliz...

Au revoir